Ruraq Maki

La tradición de la hojalatería en el Perú





La hojalata, producto laminado hecho de acero y recubierto por una capa de estaño, fue descubierta en el siglo XVI, en las regiones internas de Erzgebirge, en la actual República Checa. Pronto, fue fabricada en cantidad, sobre todo en Inglaterra, para luego ser difundida por toda Europa. A inicios del siglo XVII, en España ya existían gremios de artesanos hojalateros, los que llegaron a América como parte de los nuevos oficios solicitados. En ese entonces, cobraba relevancia la elaboración de objetos utilitarios, así como piezas de particular belleza artística debido a la maleabilidad y plasticidad de las láminas de hojalata.
En el Perú, los hojalateros tuvieron una presencia importante en varias ciudades de la sierra, destacando Huancayo, Ayacucho, Cusco, Puno y Cajamarca ; mientras que, en la costa, encontramos a Lambayeque. En estos lugares se desarrolló una amplia tradición hojalatera, la cual abarcó la realización de utensilios, artefactos y piezas de arte popular. No obstante, con el correr del tiempo, los talleres de hojalatería fueron desapareciendo debido a la llegada de utensilios de acero inoxidable, aluminio y plástico. Es así que, para la década de 1980, quedaban ya pocos hojalateros .
Actualmente, la ciudad de Ayacucho se ha convertido en el referente de la tradición hojalatera peruana , siendo uno de los mayores exponentes el maestro Teófilo Araujo Choque.  Desde su taller, ha difundido este arte tradicional, siendo hoy en día su hija, Lucy Araujo Ayala, una de las pocas mujeres sucesoras de este antiguo legado familiar.
Por su parte, en la ciudad del Cusco, esta expresión artística ha desaparecido casi en su totalidad. Sin embargo, desde inicios del 2000, Pachacutec Huamán produce piezas artísticas, rescatando técnicas tradicionales de la hojalatería cusqueña y promoviendo la recuperación de este oficio.
En el caso de Lambayeque, se encuentra el artista autodidacta Martín Granados, quien al ser danzante de la comparsa de los Diablicos,  aprendió a elaborar las tradicionales máscaras que se emplean para este baile, en hojalata. De esta forma, se ha convertido en uno de los pocos artistas hojalateros en esta zona del país, donde esta práctica está casi extinta.
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La hojalata, producto laminado hecho de acero y recubierto por una capa de estaño, fue descubierta en el siglo XVI, en las regiones internas de Erzgebirge, en la actual República Checa. Pronto, fue fabricada en cantidad, sobre todo en Inglaterra, para luego ser difundida por toda Europa. A inicios del siglo XVII, en España ya existían gremios de artesanos hojalateros, los que llegaron a América como parte de los nuevos oficios solicitados. En ese entonces, cobraba relevancia la elaboración de objetos utilitarios, así como piezas de particular belleza artística debido a la maleabilidad y plasticidad de las láminas de hojalata.
En el Perú, los hojalateros tuvieron una presencia importante en varias ciudades de la sierra, destacando Huancayo, Ayacucho, Cusco, Puno y Cajamarca ; mientras que, en la costa, encontramos a Lambayeque. En estos lugares se desarrolló una amplia tradición hojalatera, la cual abarcó la realización de utensilios, artefactos y piezas de arte popular. No obstante, con el correr del tiempo, los talleres de hojalatería fueron desapareciendo debido a la llegada de utensilios de acero inoxidable, aluminio y plástico. Es así que, para la década de 1980, quedaban ya pocos hojalateros .
Actualmente, la ciudad de Ayacucho se ha convertido en el referente de la tradición hojalatera peruana , siendo uno de los mayores exponentes el maestro Teófilo Araujo Choque.  Desde su taller, ha difundido este arte tradicional, siendo hoy en día su hija, Lucy Araujo Ayala, una de las pocas mujeres sucesoras de este antiguo legado familiar.
Por su parte, en la ciudad del Cusco, esta expresión artística ha desaparecido casi en su totalidad. Sin embargo, desde inicios del 2000, Pachacutec Huamán produce piezas artísticas, rescatando técnicas tradicionales de la hojalatería cusqueña y promoviendo la recuperación de este oficio.
En el caso de Lambayeque, se encuentra el artista autodidacta Martín Granados, quien al ser danzante de la comparsa de los Diablicos,  aprendió a elaborar las tradicionales máscaras que se emplean para este baile, en hojalata. De esta forma, se ha convertido en uno de los pocos artistas hojalateros en esta zona del país, donde esta práctica está casi extinta.
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